Historia tan, tan, tan... de tango
Autor: Oche CalifaA fines del siglo XIX, es decir, hace poco más de cien años, Buenos Aires dejaba de ser una ciudad donde casi todos se conocían, porque se llenaba de inmigrantes y crecía. No todos los que llegaban venían de Europa, como se cree; algunos, también, de las provincias. Así, en el puerto, el centro, los barrios y la orilla donde comenzaba el campo se oían cada día voces distintas, nuevas, desconocidas hasta entonces.
En los almacenes –que además de vender productos comestibles eran, también, bares– se juntaban los hombres después del trabajo (o cuando no había trabajo) a tocar la guitarra y cantar. Las canciones predilectas de entonces eran las
milongas, los
estilos, las
cifras. Pero algunos inmigrantes europeos que compartían esos momentos también sabían tocar y cantar
habaneras,
polcas,
valses. Y, aún más, sobre ese fondo musical se oían los ritmos negros, como el
candombe, que tocaban los descendientes de africanos.
De ese conjunto de ritmos y melodías nació el tango. ¿Cómo? Exactamente no se sabe, aunque de cada uno de ellos tuvo el tango un poco. Fue un poco habanera, un poco milonga, un poco candombe… hasta que fue del todo tango.
En ese momento era una música alegre, vivaz, que se tocaba con la guitarra y otros instrumentos que podían encontrarse por aquí y por allá: flautín, violín, piano. Incluso se le agregaban algunas coplas, que por lo general eran divertidas y a veces un poquito “boca sucias”.
Pero lo más importante del tango era que se podía bailar. Es más, se bailaba de una manera que no era muy común: entre parejas enlazadas y no tan separadas como en los valses, sino más bien juntitas, apretadas.
¿Quién inventó esa forma de bailar? Tampoco se sabe, pero lo cierto es que cuando comenzó el siglo XX ya existían una cantidad de
figuras, es decir, de formas de danzar. Y lo que más atraía a todos era, justamente, el baile del tango, aunque para muchos no fuera muy “decente”. Muchas personas de entonces veían mal al tango y lo consideraban “inmoral” porque las parejas bailaban demasiado juntas.
Pero eso no hizo que se lo abandonara. Al contrario, como a muchas cosas que se prohíben o se juzgan mal, al tango lo hizo cada vez más famoso esa cuestión de “cosa que no se debe hacer”. Así, llevado como una novedad a los salones de baile de Europa, se puso de moda. Y una vez que fue moda allí, sobre todo en París, ya pocos lo cuestionaron.
Por entonces nacieron algunos tangos que todavía hoy son famosos: “La morocha”, “El choclo”, “El entrerriano”, y se conocieron autores como
Enrique Saborido,
Rosendo Mendizábal y
Ángel Villoldo.
Sin embargo, entre las pequeñas orquestas que se formaban para tocar tangos, comenzó a hacerse un lugar el
bandoneón. Era un instrumento alemán que habían traído marineros y que se hizo cada vez más popular. El bandoneón, que tiene un sonido menos “bailarín” que la flauta y también más rico que la guitarra, provocó que los tangos se tocaran más lentos y pasaran de tener un aire de alegría a uno de tristeza o, al menos, de seriedad. Las orquestas tomaron forma alrededor del bandoneón, con el piano y el violín. Como ya se habían inventado los discos, y poco después empezarían las transmisiones de radio, las orquestas grabaron muchos de ellos, que la gente escuchaba en sus casas con aparatos que se llamaban
gramófonos.
En 1917 un cantor y compositor llamado
Pascual Contursi tuvo la idea de escribir (sobre la melodía de un tango que ya existía) una letra en la que quien la cantaba era un hombre que se lamentaba porque su mujer amada lo había abandonado. Se llamó “Mi noche triste” y la interpretó y grabó el cantor
Carlos Gardel, que hasta entonces interpretaba canciones que hoy llamamos folclóricas.
El éxito de “Mi noche triste” fue tan grande que pronto Contursi y otros poetas populares o letristas comenzaron a escribir tangos de ese tipo.
Por ese entonces, también los músicos que tocaban sobre todo tangos para bailar, crearon tangos cada vez más hermosos y que debían tocarse con orquestas mejor formadas. Algunos de esos músicos, como
Julio De Caro,
Pedro Láurenz,
Pedro Maffia y
Juan Carlos Cobián, dieron forma a una nueva modalidad que se llamó la
Guardia Nueva, para distinguirla de los músicos anteriores, que eran la
Guardia Vieja.
La tristeza de las letras, la voz de Gardel, el bandoneón y las orquestas habían dado un gran paso en la música que ya todos ubicaban como propia de Buenos Aires. Entre los letristas estaban
Celedonio Flores,
José González Castillo,
Enrique Cadícamo,
Homero Manzi. La importancia de ellos fue, además, que hicieron de las letras de los tangos hermosas poesías.
Carlos Gardel, al que le decían “El Zorzal Criollo”, dejó, poco a poco, de cantar canciones folclóricas y se dedicó al tango. Como su éxito era tan grande comenzó a filmar películas y a hacer giras por todo el país y por Europa. Pero, en 1935, se mató en un accidente de aviación en Medellín, Colombia.
Por esos años, justamente, las orquestas de tango habían crecido en cantidad de integrantes hasta que se dio forma a lo que se denomina orquesta típica. Estas formaciones eran muy populares, tocaban en bailes muy grandes en clubes e incluían uno o dos cantores, muchos de lo cuales cantaban en el estilo de Gardel. Hacia 1940 había muchas orquestas famosas, como la de
Osvaldo Pugliese y la de
Aníbal Troilo. Como gustaban tanto, estrenaban nuevos tangos todo el tiempo, y es así que los músicos y los letristas daban a conocer sus temas: Enrique Santos Discépolo escribía “Cambalache”; Manzi y Troilo, “Sur”; Cadícamo y Cobián, “Nostalgias”. Aún hoy son muy conocidos y muchas personas saben sus letras de manera completa.
En la orquesta de Troilo comenzó a destacarse, poco antes de 1950, un bandoneonista llamado
Ástor Piazzolla, que creaba tangos muy originales. Pronto Piazzolla formó su propia orquesta y, en 1955, una de sólo cinco integrantes (quinteto) con la que grabó sus tangos también famosos, como “Adiós Nonino”. Como Gardel, Piazzolla fue muy conocido y apreciado en todo el mundo, y en los anos setenta fue a vivir a Europa.
La influencia de Piazzolla resultó muy grande entre los músicos, aunque no todos estaban de acuerdo con él, y pronto se habló de otra nueva forma de tango, posterior a la Guardia Nueva y a la época de las orquestas típicas, que ya no estaban tan de moda. Sí, porque hacia 1960 el tango fue desplazado en el gusto popular por otros géneros, entre los que se destacaban los del folclore y el rock and roll.
Pero el tango no desapareció y a partir de 1980 comenzó a tener nuevamente gran popularidad. Nuevas generaciones de músicos y de bailarines, muchos de ellos muy jóvenes, se incorporaron al tango, compusieron nuevos temas, formaron nuevos grupos. Porque el tango –aunque ya existen otras músicas también muy propias de los argentinos– es el que más nos identifica: lo hemos inventado nosotros y nadie mejor que nosotros puede tocarlo y conocerlo tan bien.